20 mayo 2008

Acerba et immatura mors


Si alguien, al pensar en el hombre, no lo piensa mortal, se engaña a sí mismo. ¿Cómo puede haber quien lamente un suceso del que se está seguro que era inevitable? Quien lamenta que alguien ha muerto, lamenta que ese haya sido hombre. Todos estamos sujetos a una misma condición: a quien le tocó nacer, le está reservado morir. Sepárannos los trechos, el final nos iguala. Lo que disten el primer día y el último es vario e incierto: si tomas en cuenta las molestias, aun para el niño ese trecho es largo; si la rapidez, aun para el anciano es corto. Nada hay que no sea resbaladizo y falaz y más agitado que cualquier borrasca: todo se zarandea y se torna contrario según los caprichos de la Fortuna, y en tan gran torbellino de las cosas humanas para nadie hay nada cierto si se exceptúa la muerte. Sin embargo, todos se quejan de esto único en lo que nadie puede llamarse a engaño.


Lucio Anneo Séneca







1 comentarios:

Isabel Romana dijo...

El texto de Séneca es de una lógica aplastante y de una gran actualidad. Quizá hoy más que nunca se niega la muerte. En cuanto al vídeo, me he sentido llena de admiración y de orgullo ante el testimonio de ese hombre a punto de morir. Así quiero ser yo. Saludos cordiales.

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